¡Hola, amigos de Behind Gaming! Espero se encuentren muy bien. Yo soy Rigo Domínguez, y como cada semana, vengo compartirles mi opinión acerca de un juego indie de Nintendo Switch, en forma de reseña. En esta ocasión me refiero a Morkull: Ragast’s Rage. ¿De qué se trata? ¿Vale la pena? Ya les cuento.
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Selecta Play y Disaster Games nos presentan Morkull: Ragast’s Rage es un metroidvania con elementos de acción, plataformas y exploración, en el que tomamos el papel de Morkull, el villano de la historia quien tiene total consciencia de la realidad de su existencia, es decir, saber que es un personaje de videojuego que fue creado por desarrolladores y que es controlado por ti.
Aunque la premisa es interesante, la ejecución decepciona. El juego inicia bien, estableciendo rápido la situación de Morkull y su objetivo –escapar para dominar el mundo–, con una cinemática animada bien hecha. Pronto, Morkull rompe la cuarta pared y, junto con otros personajes, se lanza a hacer chistes y referencias de la cultura pop, incluyendo a Hollow Knight, el aclamado indie del que claramente se inspira.

Sin embargo, en minutos cae presa de las expectativas que el mismo juego genera. En el tutorial, Morkull cae de una plataforma y comenta que es una trampa de los desarrolladores, pero que puede repararla gracias a sus conocimientos de programación. Esto hace pensar que más adelante podríamos alterar los escenarios con nuevas habilidades, pero esto no ocurre, quedando solo como una anécdota.
La jugabilidad es irregular. La movilidad básica, como caminar y saltar, y movimientos complementarios, como el wall-jump y el dash, cumplen su función y listo. El ataque se limita a un golpe débil y uno fuerte, y podemos usar un escudo para hacer un parry, el cual no requiere demasiada precisión.
La parte negativa del gameplay comienza con el combate. No hay combos más allá de tres golpes, y atacar a los enemigos no se siente satisfactorio debido a un «delay» entre los impactos. Hay poca variedad de enemigos y además son fáciles de derrotar, siendo un problema solo cuando atacan en oleadas o en secciones de plataformas que requieren cierto nivel de precisión entre salto y salto. La mayor decepción de los enemigos está en los jefes finales, que además de ser escasos, son muy sencillos.

Como metroidvania, el mapa se queda corto y la exploración no ofrece grandes incentivos, salvo recuperar algo de vida o unos pocos coleccionables. La progresión es mayormente lineal, sin acertijos complejos, solo buscar llaves para puertas. Sin embargo, las secciones de plataformeo tienen un mejor cuidado, siendo lo suficientemente buenas como para hacer olvidar los problemas del combate y la exploración.
En principio, el apartado visual parece atractivo, o al menos eso me pasó tras ver el tráiler y la cinemática inicial. Aunque el diseño de arte me gusta, en movimiento lo encontré algo plano, sin la profundidad que podría haberse logrado con más detalles en los personajes, como sí los lucen en la secuencia de apertura.
En cuanto al sonido, me decepcionó aún más. La banda sonora carece de alma para sumergirme en el juego, y algunos efectos, como los de las piedras rodando, parecen sacados de una librería gratuita básica. No tengo nada en contra de estas librerías, pero la usada aquí no me parece con la calidad necesaria tratándose de un juego comercial.
El apartado técnico también deja sus malos sabores de boca. Aunque no se vuelve injugable, hay momentos en los que la acción se ralentiza, agregando una capa de dificultad totalmente fuera de lugar. Además, hay zonas en las que debemos terminar con oleadas de enemigos, en las estos tardan un tanto en aparecer. Por último, hay problemas en las cajas de impacto, provocando que a veces nos quedemos atascados por “barreras invisibles” en los escenarios.

Conclusión
Morkull: Ragast’s Rage es un claro ejemplo de “no juzgues un libro por su portada”. Aunque sus tráilers pueden emocionar, bastan unos minutos jugándolo para decepcionarse. Su premisa, secuencia inicial y chistes no logran compensar un combate insatisfactorio, niveles pobres (salvo el plataformeo), fallas técnicas y música sin alma. Las bases lucían buenas, pero queda la impresión de que el desarrollo se apresuró para cumplir plazos, entregando un producto incompleto. Mi primera gran decepción de 2025.
Calificación
Y eso es todo, hemos llegado al final de la reseña de esta semana. Como siempre, agradezco enormemente a Behind Gaming por el espacio, ya que siempre es un placer compartir mi opinión acerca de un juego indie y ayudar a darle un poco más de foco a este tipo de desarrollos que, cuando menos lo esperamos, nos sorprende con verdaderas joyitas. Sin más que agregar por ahora, nos vemos en la próxima ocasión. ¡Jueguen mucho!

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