Nintendo Hoy presenta la reseña “nindie”: Vlad Circus

¡Hola, Behind Gaming! ¿Cómo están? Espero que se encuentren muy bien, ya en esta recta final del mes de enero. ¿Cómo se les ha ido este primer mes del año? ¿Rápido? ¿O lento? Acá Rigo Dominguez pasando a saludarlos como cada semana, y claro, a compartirles una nueva reseña de un juego indie que pueden encontrar en Nintendo Switch. En esta ocasión se trata de Vlad Circus: Descend into Madness, un juego cuyo título me parece bastante adecuado. ¿Por qué digo esto? Y más importante aún, ¿vale la pena? Vamos al análisis.

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Publicado por Blowfish Studios, la desarrolladora argentina Indiesruption nos presenta Vlad Circus: Descend into Madness, una espeluznante historia de terror sobre un circo de fenómenos llamado Vlad Circus, el cual en la década de 1920 fue reducido a nada más que a cenizas debido a un incendio. Años después de aquél trágico suceso, ahora nos toca acompañar a Oliver Mills, conocido como “Lazy Ollie”, un payaso sobreviviente de la catástrofe quien junto a todos los viejos integrantes ha sido convocado por el dueño del mismo, Vlad, con el fin de reabrir el espectáculo.

Aunque toda la ambientación del juego está centrada en el horror, las mecánicas de juego son más bien las de una aventura gráfica, con todo y los respectivos rompecabezas incluidos, aunque con más acción de la acostumbrada en el género. Dejamos de lado la pasividad de solo apuntar y dar clic, para controlar libremente a nuestro traumatizado payaso por las decenas de escenarios mientras busca a sus excompañeros, intentando al mismo tiempo sobrevivir a los peligros que se topará en su camino, incluyendo los reales y los generados por su cabeza.

Hablando de estos últimos, tenemos un sistema de sanidad mental que recuerda un poco a lo visto en el aclamado Eternal Darkness: Sanity’s Requiem de Nintendo 64, guardando las diferencias. Para evitar que la mente del protagonista le juegue una mala pasada, acá tenemos dos alternativas: hacer que Oliver se ponga a rezar –quedando vulnerable algunos segundos-; o tomarnos el medicamento proporcionado por el Doctor Nicholas Jasper, el psiquiatra que lo atendió durante sus años internado en un hospital psiquiátrico.

Continuando con la jugabilidad, el combate es la parte menos cuidada. Tenemos un revólver, una escopeta y un machete a nuestra disposición, pero en nuestra contra juega la incapacidad de atacar de manera diagonal, recordándonos un poco a los juegos de antaño y volviéndose un poco más complicado de lo que debería. Así mismo, hay situaciones y encuentros que se sienten innecesarios, como incrustados nada más para ponernos a hacer algo más alargando un poco el juego de forma artificial.

Aunque con el párrafo anterior pareciera que es un juego poco recomendable, para nada siento que ese sea el caso, pues el peso de la experiencia recae en la narrativa. Conforme avanzamos, nos encontramos con nuestros excompañeros del circo, quienes alguna vez brindaron entretenimiento y alegría al público y que ahora no son más que tristes seres humanos, con fuertes heridas físicas y emocionales que parecieran irreparables, con pocas razones más para vivir, cuya única esperanza es la reapertura del negocio. Poco a poco conocemos las desoladoras historias y nada prometedores realidades de cada uno de ellos, incluyendo al ventrílocuo que ahora se ha convertido en esclavo de su marioneta, el hombre musculoso que ahora sufre de la polio, y claro, nosotros, un payaso con fuertes problemas mentales.

El trabajo visual del juego es espectacular, con un pixel art bastante bien cuidado y aprovechado al máximo para transmitir las sensaciones de angustia y estrés que requeridas por el guion. De entrada, estaba un poco escéptico por el uso de este tipo de gráficos para una trama de tal naturaleza, pero el resultado me convenció inmediatamente, demostrándome una vez más que, bien aprovechado, el pixel art puede hacer maravillas.

El, o los responsables de la parte auditiva, también se merecen sus flores. Aunque difícilmente vaya a recordar alguna melodía, todos los componentes fueron diseñados para envolvernos en el dramatismo y la tensión de cada momento. El aullido del viento, los latidos de nuestro corazón, las tormentas, nuestro lápiz al escribir en el diario, todo se oye justo como debería, ayudando a sumergirnos en la atmósfera del juego.

Conclusión

Vlad Circus: Descend into Madness nos presenta una triste historia circense como para poner triste a cualquiera. Aunque su combate se siente básico, repetitivo y hasta un tanto rústico, la narrativa y los diálogos presentados son lo suficientemente sólidos como para impulsarnos a no soltar el control con tal de llegar al desenlace, todo esto envuelto en una gran atmósfera resultado de un detallado pixel art y un apartado sonoro igualmente cuidado. Si te gustan las historias que se salen del molde, los juegos de horror y tienes una mente curiosa que gusta de resolver misterios, acá tienes una gran opción.

Calificación

Puntuación: 4 de 5.

Y listo, hemos llegado al final de la reseña de esta semana. Como cada ocasión, mil gracias a Behind Gaming por el espacio, y por ser un medio que sigue dándole su debida atención a los juegos desarrollados por estudios independientes, que nunca dejan de sorprendernos. Sin más que agregar por ahora, nos vemos en la próxima ocasión. ¡Jueguen mucho!

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