Jugamos su recientemente llegada versión de Nintendo Switch
Definir obras como Promesa resulta un tanto complejo. Ninguno de los conceptos preestablecidos parece hacerle suficiente justicia. Aunque está concebido como un videojuego, sus mecánicas y estructura no son las tradicionales dentro de este rubro de la industria del entretenimiento. Tal vez, cuento interactivo lo describa un poco mejor gracias a su narrativa y la yuxtaposición de escenas.
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La creación del italo-argentino Julian Palacios Gechtman basa su narrativa en la conversación que mantiene un abuelo con su nieto. Los diálogos son mostrados a través de pequeños párrafos tocando temas diversos dentro de la vida del hombre. Seguido de éstos, se despliegan escenas de distintas índoles como casas semiabandonadas, calles desoladas, fábricas, entre otras, las cuales son exploradas por un personaje (nunca mostrado en pantalla) bajo una perspectiva en primera persona.

Si tuviéramos que encasillar Promesa bajo los géneros determinados de los videojuegos sería un juego de aventura narrativo de estructura roguelike. Aunque sus niveles no son generados de manera procedual, sí son desplegados de manera aleatoria lo que te obliga a dar diversas vueltas a su historia para poder descubrir cada uno de sus secretos.
Su duración aproximada es de 50 minutos en total. Su modo de exploración es bastante pausado, incluso lento por momentos, parece que es una decisión intencional para generar una mayor inmersión en cada uno de los escenarios. A pesar de ser niveles bastante cortos con lugares muy cerrados, se agradece la carencia de las llamadas ‘paredes invisibles’ permitiéndote explorar prácticamente cualquier sitio presentado en pantalla.

El juego deja gran parte de su experiencia a la interpretación. Muchas veces te encuentras explorando sitios sin saber realmente el porqué de estar ahí. Eso sí, las atmósferas están muy bien creadas -tanto gráfica como sonoramente- y se disfrutan por igual cada una de ellas. La postproducción, sin duda, es la mayor fortaleza de este juego. Primero, el apartado visual en 3D cuenta con un mapeo pixelado que le da un toque pixel art 3D bastante peculiar. Segundo, los efectos sonoros están perfectamente colocados brindando una recreación bastante real de cada uno de los escenarios.
Encontrar un punto negativo es difícil debido a su estructura. Al ser una obra audiovisual, su evaluación queda en gran parte a la interpretación de cada jugador, tal como sucede con el resto de las artes plásticas como la pintura, escultura, etc. Lo que sí está claro es su gran cantidad de trabajo y tiempo invertido tratando de generar la mejor experiencia posible.

Conclusión
Sin duda, Promesa es una clara muestra que los videojuegos pueden ser algo más que un simple entretenimiento. Éstos pueden convertirse en un vehículo para generar obras interactivas que muchas veces se limitan a museos o exposiciones específicas quedando alejados de gran parte de la población mundial. Más allá de alejarse, la mayoría de los jugadores debería -por lo menos una vez- jugar este tipo de creaciones para abrir sus horizontes más allá de los géneros sobresaturados a los que están acostumbrados. Para los interesados, está disponible en Steam, PS4, PS5, Xbox One, Series X y Switch.

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